miércoles, 18 de julio de 2012

Aire

Quién serás tú que lo guardas, que lo sabes?
Si tan sólo pudiera volar bien lejos, así miles de kilómetros para poder gritar, para poder alcanzar esa paz, para encontrar ese silencio.
¿Sabes tú lo que me he costado combatir sola? Si, a veces se convierte en una especie de combate, ya sé que no debería ser así… pero no puedo controlarlo.
A veces es como algo que me arrastra, que pasa por encima y quisiera tirarme hacia abajo otra vez, y una más. Pero ya no quiero, ya no quiero más, voy a dar pasos, lo sé, voy a avanzar, voy a terminar encontrando eso que se busca. Por algo sigo buscándolo, si esa búsqueda no tuviera fin creo que me daría cuenta sola que no tiene sentido, pero por algo sigo aquí, parada.
A veces el pensamiento se encierra como en una jaula. Más, siempre he querido liberarlo, es hora de darme una oportunidad, de razonar, de dejarme llevar, de dejarlo huir conmigo. ¿Huyamos juntos? Siempre he querido decir  eso, y hacerlo. No es que no quiera a nadie, pero tal vez mi corazón de pronto se siente demasiado libre.
Y si, se supone que debiera haber aprendido que los relojes no valen, eso me alegra, al menos soy consciente de ello. El tema es que debo interiorizar eso, quizá este sea una especie de primer paso para hacerlo… escribirlo. Exacto, me lo he dicho muchas veces, y tal vez he hecho esbozos de escritura, pero resulta que cuando dejo que salga de verdad, cuando hago que brote en serio en el papel es distinto, es como poner todo tu yo en algo que amas hacer, y lo he aprendido a amar, y quiero que esta vez sea de verdad.
Mirar las nubes, ¡Sí!  Un pasatiempo lejos de los mejores. Muchas veces me he preguntado qué es lo que esconde ese cielo que tanto me atrae, de noche y de día, siempre trae algo especial.
Son tantas cosas las que pasan por mi cabeza. Lo sé, sé que mi cabeza no es la única que tiene muchas cosas. No quiero tampoco que suene importante pensar que tengo muchas cosas en mi mente, pero a mí me gusta eso, a veces. ¿Por qué no admirarme de aquello? Si lo quisiera podría crear mil historias, suena soberbio y engreído, pero las he creado. Quizá no todos tienen que conocerlas. Bueno, la verdad todos se han creado mil historias inconcretas en la cabeza, es tiempo de que admire las mías, de que no sufra por ellas, de disfrutarlas, de valorar eso que pienso, eso que sueño, que me merezco, que me hagan reír, que me hagan soñar sin miedo, porque son mías y soy especial, como cada estrella que brilla de noche, todas brillan de forma diferente y especial.
Debo empezar a darme cuenta de que soñar despierta también puede ser bueno, aparte es bonito, el punto es usarlo bien.
De momentos me siento algo estúpida, o ridícula. Pero, qué más da, esa quizá es mi manera de descubrir el mundo, más vale la pena vivirlo… y puede que no sea estupidez, quizá es parte de mi ingenuidad en algunas cosas. Pues si con estupidez puedo ser un poco más feliz, bien venidas sean también las equivocaciones y los errores. Sólo son errores de cálculo… No soy una máquina, ni soy perfecta, tampoco quiero desvivirme más por serlo, prefiero desde ahora entregar lo mejor de mí, pero sin sufrir por ello. Por qué sufrir si es lo mejor que estoy tratando hacer?
Puede ser una forma de volar, de ver las cosas desde otra perspectiva, desde otro despertar o con otro espejo. Abrir los brazos para que el viento me golpee la cara y me haga reaccionar cuando lo necesite.
Ya basta de trapos, yo también puedo ser hermosa, puedo ser la mujer, le joven, la niña que soy. Puedo regalarme caminatas y miradas sin temor, puedo entregarme a la ensoñación, a entregar la libertad del amor, y darme también esa libertad a mí, compartirla, hacerla crecer, y dejar fluir así el espíritu colectivo, esa cosa rara que ni uno de nosotros puede explicar porque si se explica ya no es.
Y porque soy hija de todo esto, de eso que viene de la tierra, igual que otros, merezco también fundirme con alguien, compartir todo esto, ser compañeros, amantes, amigos, los mejores, y no digo inseparables porque cada uno debe ser uno y dos a la vez.
Puedo exhalar libertad, amor, verdad, vida. Puesto que soy libertad, amor, verdad y vida igual que tú, igual que otros, igual que la naturaleza que me rodea, o ¿yo la rodeo a ella?
Debo reírme a mis anchas, haciendo acción lo que somos, felicidad, ganas de vivir, de amar, de sonreír y de sembrar un buen momento para otros.
De alguna u otra forma siempre he querido yo misma perder la esperanza. ¡Qué tontería!, ¿cómo perder eso, que es tan precioso?  Y que en el fondo es lo que nos mantiene a todos dándole sentido a lo que hacemos a diario…
Encontraré los caminos, y los encontraré con alguien más, todo es dualidad, ¿no? Encontrar los caminos en compañía es más divertido y a mí me gusta divertirme, es naturaleza humana.
Quiero sorprenderme inacabablemente del mundo, de las personas, de las situaciones que la vida regala, vivir lo que debo vivir, mirar si es que debo sufrir, sonreír si es que es momento, y reconocer esos momentos, no hacerles el quite. No puedo hacerle el quite a la vida, debo re descubrirla, amarla otra vez, abrazarla, ¡¡quemarme con ella!!
Maravilla, magia, no sé cómo llamarlo. Hacerme mágica, todos llevamos una magia hermosa, bella, maravillosa, luminosa dentro y visualizar todo eso debe ser una de las experiencias más gratificantes, y alegres, felices de lo que es vivir.
¿Cómo no nombrar una pompa de jabón, o un diente de león?  Son otras de mis experiencias favoritas, es que tienen todo lo que podría pedir, me hacen sentir casi todo lo que mi corazón quisiera ver, quisiera atesorar.
Y nada va a destruir mis sueños, mis anhelos, mis deseos, mis amores. Aunque algunos piensen, o yo misma llegue a pensar que son inalcanzables… ¡ESO NO ES CIERTO!,¿ qué podría  impedirlo?  Si lo único que no podemos impedir es morir, somos humanos, lo sé, pero también tenemos dentro una parte poderosa y divina, claro que no se compara a Dios. ¡Pero somos un trocito de Dios!, y tenemos amor, la energía máxima.
Voy a soñar, a vivir mi cuento de hadas, mi película, mi libro favorito. Loca, llámenme como quieran pero esa locura la dan las ganas de amar, de abrazar todo, de perdonar y perdonarme. De avanzar y no quedarme, de crecer de conocer de alcanzar un dejo de sabiduría de trascender, de entregar, y por el hecho de entregar, cosechar, de amar con locura una y mil veces, porque el amor es eterno, sólo se transforma, se traspasa, pero ¡no se acaba jamás!
De soñar y abrazarte, de mirar las estrellas con esa compañía amorosa, de esa compañía especial, de caminar tratando de captar con mis ojos todo eso que está a mi alrededor, cada detalle que tiene un qué, un algo, una belleza única. Tú, yo, yo soy belleza única también, no hay otra igual a mí, suena tan cliché, pero es la verdad. Dónde encontraré a alguien que tenga los ojos exactamente igual s los míos, que tenga mi pelo, mis uñas, mis manos, mis piernas largas, mi barriga, mis labios, mi nariz mis brazos?. En ningún rincón del mundo, ni del universo…
Dejarme arrastrar por una estrella fugaz,  nada me pertenece pero a la vez podría pertenecernos todo…
Sentarme de noche mirando la Luna, tal vez de cerca mirarla no sea igual, pero me quedo con la imagen preciosa que mis ojos me permiten observar, y gracias al universo, a Dios, al espíritu máximo por esas oportunidades indescriptibles de poder observarla, y poder luego descubrir todo el universo escondido en la mirada de otro, entonces, si el universo se esconde la mirada de otro… también lo hace en mi mirada…
Eso, mucho más, voy a lograrlo, porque he dado de golpe otra vez. Siento que me enfrento otra vez cara a cara con eso que ya sé, pero que a veces olvido. Me está mirando, me está esperando, todo aquello que me merezco por el simple hecho de ser y de vivir, de seguir viviendo, porque tengo algo, y no solo algo, hay mucho para mí, el universo es infinito, el espacio infinito, el amor infinito, por eso para mí también hay cosas infinitas, y que llegarán, muy pronto, de hecho están llegando a mi vida en este preciso momento, y siempre han estado ahí, para ser exactos, esperando el momento preciso, el momento en el que me diera cuenta de que existen para que las pudiera ver. Es el momento de que abra los ojos y viva mi sueño de que haga lo que el corazón dicta, y lo que pasa también por la cabeza, es el momento de darme un abrazo, de colgarme del cuello del amor, y de todo lo que tiene para mi, de todo lo que me regala, me ha regalado y me regalará para siempre.
Yo, AMO.

martes, 10 de julio de 2012

Que

   Y poder hacer dos cosas que finalizaran en una sola compañía.
   Que en muchas de aquellas fotografías, ahí aparecieras con esa sonrisita.
   Que tu aroma me dejara el susurro de tus abrazos... 
   Que todas esas canciones me hicieran brotar lágrimas al hacerme recordar que tú me amas...
   Sentirme como una niña tonta pensando en lo que ambos sintiéramos.
   Tener esa primera carta en las manos y a la vez tratar de sujetarme el corazón que quisiera escapar.
Hasta las piedras me parecerían con alma...
   Que se me iluminaran las pupilas buscando palabras para describir lo que estarías haciéndome sentir.
   Tratar de atrapar todo el universo en un "Te amo".
   Poder estirarme mirándote de frente por horas sin decir nada pero sabiendo que en ese espacio, en ese aire... estarían todas esas cosas que nos haríamos sentir.
   Saber que al entrecruzar nuestros dedos podría imaginar caminatas interminables por los mejores lugares a tu lado...
  Acompáñame

 Esto, tan sólo esto es lo que quisiera saber, experimentar... vivir...

VI


Dalias-Magnolas-Prados

   Este era un prado; verde verde, pero cubierto también por flores amarillas 
lo que hacía que la luz del sol se viese más intensa, sobre todo en los meses de verano. 

Y  ese Prado se mecía tranquilo, aunque de veces sus flores cambiaban  de color!, y siempre exhalaban el más sabroso aroma que pudieses imaginar. Mientras se mecía en deliciosa paz, pues sobre este lindo prado, vino una lluvia! unas gotas de chocolate se derramaron sobre as flores y hierba, dejandole deliciosas manchitas pordoquier..

   Y así llegaron mariposas de todos colores y tipos a este prado, y sabes cómo llegar ese prado?.Bueno, simplemente tienes que cruzar el riachuelo, y seguir el sendero, que a sus orillas tiene magnolios! siempre en flor, que dejan caer de vez en cuando las caricias de sus petalos sobre quienes toman el sendero...
  
  Cuando ahí llegues las mariposas revolotearan a tu alrededor, las dalias se alegrarán de tu presencia, y todo será tan bello!, tan maravillosamente hermoso que no necesitaré de más, quién podría necesitar más que eso. Yo solo anhelo que llegue aquel dia,en que visites ese prado, y quién sabe; poner en ese tierno y perfecto lugar.Lo nuestro, nuestro hogar...
     <3

VI


SÁBADO, 11 DE JUNIO DE 2011

Espero

Espero ese dia
ese inesperado dia
ese dia desconocido
ese dia maravilloso
un dia sin sentido
un dia cualquiera
sea nublado, sea claro
sea invierno,sea verano
sea intencional,sea cosa del destino.
espero aquel dia con ansias, más no desespero
Espero pacientemente, ojala no sea este un error
quiero con toda el alma que ese dia llegue
ese dia, ese precioso dia, ese dia amoroso
explosivo, alarmantemente bello!,
en que puedas leerme
en que pueda yo abrazarte con la mirada y mostrarte todo lo que soy
en que leas con tus maravillosos ojos
todo lo que soy
y todo lo que mi alma tiene para entregarte!
ES que, si, es que si!
te amo tanto, y añoro el dia aquel
en que pueda yo decírtelo sin tapujos
y en el cual
tu puedas reconocerme!tomar tus manos
mirarte a los ojos
y "en un beso decirte
todo lo que he callado"..

TE AMO

Del otro blog V


LUNES, 6 DE JUNIO DE 2011

Otoño-lluvias-inspiración-corazón

     Que cuando veo esas hojas cambiar de color, caer de los árboles,es tan de otro sitio... de otro lugar otro país otro tiempo. El corazón rebosa, de alegrarse al tan solo imaginar que pudiese compartir eso con alguien especial.
   El dia después de la lluvia, todo tan claro, se respira un nuevo aire...una pureza para la mirada, es algo tan indescriptible con palabras, a veces me falta. 
  Solo puedo decir que el corazón se exalta, será que le pertenece, en estado puro e infinitamente natural y eterno  a esos paisaje, a esas ensoñaciones reales que se me muestran algunos dias. Y esa luz del sol!, esos rayos tratando de pasar por entre las copas de los árboles,esa tibiesa del sol otoñal, ese color,, esa luz especial. Miles de sensaciones!!.
   Whoa!! y la lluvia? lluvia!! trae algo tan particular,un sonido especial, que despierta esperanzas en mi!,el corazón late!, se deshacen muchas cosas y se rearman otras... cambios! canciones canciones en la noche de lluvia,me maravillo de tanta inspiración de tantas ideas magicas que se agolpan en mi cabeza....
   Es un deleite para el alma.Reespiro amor cristalino de esa forma..y me encanta, me llena, me regala dejos de felicidad!  uy! permanecer en ese estado, difícil tarea, espero algun momento llegar a lograrla, al menos por ahora disfrutar de esos trocitos preciosos de....cómo decirlo exaltación de plenitud de... maravillas!!! de Gracia!!!!!

Del otro blog IV


SÁBADO, 28 DE MAYO DE 2011

Oh Darling (2009)

  No se dónde estas en este minuto,no cómo te  hallaré , sólo sé que algun remoto y extraño día nos encontraremos y llegaré a amarte más que a cualquier otro,pues contigo conoceré lo que significa la palabra amor puro, amor verdadero,todo lo que eso incluye y todo lo infinitamente hermoso que eso puede hacerte sentir.
   Aquí ahora es primavera, quizá por eso me inspiré tanto para escribirte esto..tal vez  insignificante para ti, aún sin conocerte.
  Me pregunto qué estarás haciendo tu en estos momentos, y en qué lugar de la tierra,¿estarás a unos metros, o a cientos de kilometros?.Lo único de lo cual estoy completamente segura, es de que te querré, y tu me querrás a mi!! ; compartiremos las mejores delicias de esta vida, los momentos más mágicamente maravillosos y románticos que pudiese alguien imaginar; aunque , seguramente en algún momento atravesaremos por discusiones, estas no serán causa alguna para frenar el raudal de amor que sentirémos el uno por el otro. 
  ¿Será ridículo para ti que yo haga esto?, supongo que no, pues si me amas no debiera ser así n.n.
  ¿ estarás entregandole tu cariño a otra chica afortunada en este momento? quizá hace ya un tiempo tienes una relación... yo siento celos!!,porque ella te tiene antes que yo, porque puede mirarte a los ojos antes que yo.
   Cuando estemos juntos deseo que cada dia sea diferente y especial, quizá con detalles mínimos pero llenos de ternura podamos lograrlo...
   ¿ Qué música te gusta?¿alguna se asemeja a la mia?o nuestros gustos serán opuestos?no lo creo, pero bien....eso sólo al conocerte lo sabré.
    Tu lugar en mi alma esta reservado desde la eternidad, aunque en mi vida diaria aún no aparezcas...
    ¿Lees?, yo amo la lectura,es una de las cosas que más aprecio en esta vida, y cuando estemos ancianos, y ya no podamos  ver las letras derramadas sobre las páginas...le pediremos a alguno de nuestros hijos, o nietos que sean nuestros ojos y nos permitan seguir imaginando. Ya ves que mi imaginación es demasiado amplia, creo debido a  sumergirme en lecturas.
   Y nuestro matrimonio!!.si te amo yo quiero casarme... /x3)   y mi sueño es que sea de maravilla, con invitados, con alegría , con emoción. Seguro estaremos muy nerviosos antes de dar ese gran paso, no puedo imaginar cómo será la sensación;pero quiero estar a tu lado para siempre, y no soltarme de tu mano jamás,caminar contigo por la vida, atravesar cada momento junto a tu compañía, cariño.
    Yo quiero viajar!quiero conocer otros lugares, y qué mejor que  tu compañía, para dirfrutar juntos y guardar hermosos recuerdos .
   Cuando esté completamente segura de que es contigo con quién quiero estar, leerás algo como esto, y desearía que esto tuviera una respuesta..y guardar tu carta en mi caja de memorias.... ^^ <3
   
    

del otro blog III


LUNES, 23 DE MAYO DE 2011

Things!..........mind! strange MOON!

Locura sueños atrapar llegar a ser chocolates dulces nubes arocoiris amores jamases para siempres mentiras verdades promesas felicidad sonrisas risas nervios amigaluna imaginación mente suspiros indescriptible cupcakes inexplicable lluvia amanecer sol sunrise lagrimas de azúcar lágrimas de sal sueños ensoñaciones deseos estrellas lunas mares starlights! manos deseos incumplidos corazonadas conexiones misticismo magia sueños pesadillas dientes  helados caminatas infinitas caminos de estrellas manos entrelazadas nervios si canciones alma elevación crecer niñez ternura brisa otoño saltos latidos sentimientosescondidos super duper waaas aleluyas! a pesar de todo confío espero visualizo que es esto? y lo demás que sigue tiempo no es ahora futuro relatividad amistad  aires amor mariposas pajaritos rosas pétalos magnolias música callar no hablar esperar esperar infinitamente paz flotar!!! querer desear con el corazón ver ver esconder lagrimar no es importante quizá pasará demencial manicomios libros historias tejer hacer deshacer hilos ensoñaciones desear más allá de eso no se  entiende si me conocieras si me entendieras si supieras esto mucho más si yo pudiera expresar todo si tuviera mil palabras si encontrara las adecuadas para  si tan solo si tan solo lloraría  diferente si fuera cobardía si no tuvieras conformarse  cuentos cabeza! magia compañía solo conozco

Miedo(del otro blog II)


MARTES, 5 DE OCTUBRE DE 2010

Mi creacion megainspirada :D

        Miedo, esa sensación rarifica que recorre tu cuerpo en ciertas situaciones .Miedo; escalofrío que va desde la nuca hasta la sien  y que no comprendo.
        Visiones nocturnas tan macabras se recrean en tus sueños cuando tienes esas turbadoras pesadillas; un temor que infunden ciertos seres y efigies  que tu inconciencia crea, y los hace ver tan reales , y que hacen fluir tu sangre a mil por hora por entre tus entrañas , y te despiertas de sobresalto ante ese espectro que se acerca a tu mirada  y casi te toca, pero estaba a punto de Hacerlo cuando de tu garganta vuela un gutural grito lejos de ti , y se te escapa la voz, se te escapa por las rendijas de la ventana, porque duermes cerca de ella , y en los borrascosos y estruendosos inviernos en el que el viento sopla implacable puedes oír ese silbido que no te permite dormir , te cubres los oídos con la almohada, pero pareciera que el sonido rebotara en tu mente y no sabes  por donde entra . y los goterones de la tormenta comienzan leves a golpear el techo, sin embargo cada vez van aumentando su intensidad hasta casi hacerlo caer sobre ti y matarte aplastada.
        Y ese pensamiento te invade una y mil veces  .Miras a la ventana entre goteo y gorgojeo de las aguas celestes, la observas por algunos instantes  y a cada trueno se revelan las sombras del árbol en que solías subirte  con cada juego infantil; pero en esos momentos más parece otra cosa , algo lúgubre , te imaginas una y otra vez  garras , manos o caras que en verdad no están , pero así y todo no te permiten conciliar tu sueño nuevamente , y ves las sombras mecerse con el viento  creando imágenes tan tétricas como tu anterior pesadilla.
        ¿y tu grito?... ese que arrancó tu voz , lo recuerdas, sabes que salió por la ventana, sin embargo no te atreves , no te atreves a ponerte en pie y despegar tu cuerpo de entre las sábanas ; con el susto has comenzado a sudar frío , te ahogas bajo el abrigo , no puedes ya respirar porque la expiración se te devuelve y oprime tu cuello; pero no olvidas aún tu grito ; retumba en tu frente y hace remolinos en cada rincón de tu mente y se disuelve dejando tan solo tu grito. Decides por fin asomar tu cabeza por entre las pesadas frazadas para respirar.
        Pero llueve, y no se detiene, eso quiere decir que tu habitación, el aire de tu cuarto no es liviano, al contrario, es espeso y tibio…  lo razonas unos minutos, ¿abres o no la ventana?, es una decisión  compleja en aquellos momentos, pero si no lo haces no entrará suficiente aire fresco a tus pulmones , tu pecho no se inflará, tus ojos se saldrán de sus órbitas  y a tu lengua le conocerás su verdadera extensión , la piel de tu rostro será de color morado .Esas manos tuyas sudan , te volteas y te encuentras con la pared , tal vez tras ellas vaga tu grito , vuelves a acordarte de él , te das la media vuelta y lo resuelves ; será mejor levantarse , quizá si descorres un poco la cortina y destrabas el pestillo para que se cuele algo de aire no pasará nada .
        Te descubres, solo tus pies y algo del torso se encuentran ahí, a la espera de que bajes de la cama  y te atrevas por fin. Así que los escuchas y te sientas en el lecho, haces negaciones con la cabeza.
        Pasas la mano por tu cráneo intentando calmarte, luego llevas ambas a tu cuello y sientes los latidos, están más acelerados que lo normal. Mueves tu cabeza hacia un lado y ves la ventana. La maldita ventana que deja ver las intranquilas sombras. No sabes porqué, podrías llamar a alguien pero….¿ de verás hay alguien en casa? … no lo sabes.
        Al fin te pones de pie, cuando el pedregoso sonido de un trueno te hace caer de rodillas al suelo, tus ojos se despliegan grandemente, miras las tablas del piso can cada luz de los relámpagos, aunque no sabes nada.
        Te pones en pie con cierto grado de dificultad, apoyándote  para lograrlo, en tu cama. Ya estás a unos cuantos metros de la inamovible ventana.
        Sientes la leve tela de tu pijama rozar tus rodillas maltratadas por el reciente golpe, tu pijama, que bien semeja un liviano vestido, no se inmuta. Das  un paso , pero te fijas muy bien antes de hacerlo , podría ser en falso, pero no lo fue. Un suave alivio te recorre, aunque no es completo.
        Avanzas unos pasos más, tus dedos casi tocan la larga cortina que te aparta del cristal de la ventana.
        Alzas con lentitud tus blancas manos y la descorres unos centímetros… tocas el frío marco de esa ventana, que ahora te parece rara; llegas hasta el pestillo, lo apretas… pero dudas por unos momentos ¿conoces lo que habrá luego de abrirla? ¡¡¿¿ y tu grito??!!.
        Lo afrontas y abres, empujas levemente la ventana y las bisagras hacen su parte para acrecentar tu miedo. Das un respingo que te hace moverte hacia un lado.
        El aire, esta vez helado entra en tu cuarto y te envuelve, alza tus largos cabellos oscuros y lo hacen revolotear y bajar, esto hace que un espectacular escalofrío te recorra hasta la planta de los mismos pies.
        Abres más la ventana y te apoyas en el marco, ves la calle vacía…pero no hay casas. Recuérdalo, no tienes vecinos.
        El agua fría de la lluvia golpea tu rostro con inclemencia , pero no le das importancia , sacas las manos que te ardían y te refresca.. Sacas tu lengua y tragas algunas gotas con un enrarecido sabor a nada, sonríes sin saber porqué.
        Al parecer tu miedo era absurdo, de modo que decides volver a tu cama pues ya viste  que el árbol seguía tal cual, como siempre y tú fuiste quien se imaginó esas aberraciones. Crees no sentir más miedo   y te encaminas hacia  tu aposento dejando la ventana abierta, pero antes de que siquiera pongas una rodilla en tu cama recuerdas tu grito… ¡¡¡tu grito!!! , Y unas risillas fuera, ¡¿pero cómo?! , tú no tienes vecinos!!.
        Corres a la ventana, te apoyas  sacando medio cuerpo, lo que hace ceñirte también medio pijama al cuerpo.
        Intentas coger algo con tus manos  pero no hay nada, quizá será tu grito el que quieres coger??
        Algo raro te llama, una fuerza descomunal te impulsa a salir de tu oscuro cuarto, vas a la puerta, pero,¿qué pasa?, no se abre, forcejeas pero es en vano. No te impacientas; sacas con rabia las sábanas de tu cama y construyes nudos. A cada uno de ellos recuerdas personas y momentos. Buscas algo en que sujetar la nueva cuerda … miras a todos lados  de tu dormitorio como una demente hasta que te encuentras con los pies de tu cama, esbozas una sonrisa , entre maliciosa  y bondadosa,  das una vuelta  a tu artesanal cuerda  y la atas a esos pies de madera  en los que duermes y sueñas hace tantos años.
        Llegas a la ventana con la sábana anudada en una mano , te sientas ahora en el marco de la ventana , tus pies desnudos se impregnan con la  lluvia de la intemperie, al igual que tus piernas.. Esas que causando estragos todos en el pueblo comentan.
        Lo tienes claro; debes bajar cuanto antes pero no sabes la razón. Tal vez es por tu grito, la búsqueda incesante de esa sin igual vociferación.
        Se arremolina el viento en algunos árboles lejano, y escuchas el eco del mismo viento mezclado con la lluvia que canta entre ellos. Miras el cielo pero no distingues nada.
        Ya está todo listo para que te deslices desde ese, tu cuarto, que corresponde al segundo piso de esa casona, y a punto de llegar al suelo… te afrontas y aferras con fuerza  a la ya mojada cuerda de sábanas.
        Ahora te encuentras bajando por la pared de la casa, aunque es un poco difícil lo logras poniendo los frágiles dedos  de tus pies en el barroso suelo, tambaleas, pero por fin bajas, sueltas las embozos  y estás tan empapada  como nunca antes. El agua y tus cabellos aplastados te escurren sobre los hombros,, también por tus mejillas y tus labios rojos .
        Te cuesta abrir los ojos por el roce de la lluvia…¡¡¿¿ y tu grito??!!, lo buscas con la vista impaciente por entre algunas plantas…
        Otro trueno se deja caer sobre ti con su posterior relámpago, y oyes un… ¡quiebre! , si!! . Caen trozos de cristales encima de  tu cabeza, pero con tu rápida reacción puedes cubrirte con los brazos, aunque los han rasgado en ciertas partes. Miras hacia arriba … y , si, era el cristal de tu ventana!!, no entiendes ; caminas hacia atrás  y escuchas otro quiebre! ,  ¡y otro! …más cristales rotos, una a una las ventanas de tu casa se quiebran sin razón aparente frente a tus ojos de marcadas pestañas, y te apartas, con agilidad de frente a tu casa, y dando la espalda a lo que se te presente al avanzar.
        El miedo vuelve a invadirte, esa sensación extraña  que nadie conoce o puede explicar con certeza.
        Como no veías lo que se te ponía en el camino, caes, a causa de un tronco mal ubicado en ese lugar;  y lo haces al mismo momento en que se deshace en mil pedazos el último y más grande ventanal que quedaba. Y no sabes porqué, y la lluvia prosigue empapándote sin freno, tus manos enlodadas, ¡¿y tu grito?!
         Vuelves a buscar cansada y temerosa a la vez, pero aún en el suelo, pasas las manos por tu cara prolija… pero la ensucias  con fango… no es importante  puesto que el agua incesante se encarga de limpiar tu semblante de inmediato, ni siquiera puedes respirar  profundamente porque ni pizca de alivio tienes.
        ¡Ya basta!, te dices y luego te levantas del suelo. Tus brazos cuelgan desde tus hombros. Cómo transcurre…..
        Ves las plantas  y sus hojas que ya no pueden soportar más agua sobre ellas. Sin pensarlo avanzas hasta ellas y las sacudes, pero es estúpido pues vuelven a recibir la lluvia.
        Oyes tu grito… efectivamente. Tu grito. Y las cortinas de tu casa se azotan con el viento y se mojan. El sonido ya no está tan cerca, debes salir del sitio para hallarlo, vas a la verja de hierro y mucho más alta que tú, ahora bien, hay un problema; no tienes la llave del candado que la mantiene cerrada  y te ata a permanecer allí, miras a un lado. Alzas tu mano izquierda y con una fuerza sin razón ni explicación  golpeas el candado  y lo rompes… lo rompes en tres tozos que caen lentamente en el barro, pausado y no sabes porqué, deslizas tu mano hacia los fierros mojados y tiras el pesado portón que rechina como si hace años que no lo abriesen. ¿No olvidas algo?, te lo recordaré: tus brazos ensangrentados por el vidrio, pero calma… no te preocupes, se ha limpiado con el aguacero.
        Así que sales y pasas entre el umbral del portón, pisando la calle con tus pies descalzos, solamente cubiertos de oscuro lodo hasta el tobillo,  a pesar de ello de vez en vez desaparece con el efecto del agua. Mueves tu cabeza hacia ambos lados del camino, el corazón se te consume por el hecho de que no entiendes mucho.
        Percibes a lo lejos el sendero de árboles y te diriges a él lento, con el ritmo de la lluvia, cada paso marca algo en tu interior; una puntada, o una nota desconocida, un latido.
        Enseguida llegas a la entrada del sendero, sientes pisadas y relinchares, girar de ruedas y el compás de una carreta se oye también a lo lejos. El  galopar se acerca a ti de a poco hasta aparcarse frente a donde te encuentras, y lo vigilas y analizas minuciosamente durante largos minutos sin un atisbo de confianza en tus pupilas.
        Los caballos azabaches esperan por ti, el carruaje viene sin conductor alguno, sin embargo te espera. ¡¿ y tu grito?!. La lluvia cede poco a poco.
        Tal vez ese carruaje, esa oscura carreta te lleve hacia él……  o tal vez no, y te pierda en un abismo sin regreso. S e abre la puerta y dentro divisas los confortables asientos  de un color escarlata  aterciopelado, como raso. Tus ropajes pegados a tu piel  te hacen ver de una figura más alargada .Uno de los rocinantes alza sus extremidades delanteras  y se vuelve para mirarte fijamente con sus redondos y oscuros  ojos muy penetrantes y te perturban. Nuevamente el miedo hace vibrar tu humanidad por completo, envolviéndote hasta el centro de tus cabellos. A pesar de todo pones un pie sobre la escalilla de subida, dudando un segundo si subirte o no… pero esos asientos se ven tan confortables  y dan un aire  de protección y calidez… además dentro hay una lámpara y lo necesitas, tus pupilas han absorbido solamente oscuridad, ni un minúsculo tanto de claridad y lo deseas con desesperación. Eso te impulsa a subir, te sientas  y lo percibes todo muy bien, muy cómodo. La puerta se cierra como por una orden del más allá y los caballos continúan su marcha por el oscuro sendero de árboles.
        Las últimas gotas de la reciente tormenta  se dejan caer tímidamente y las miras rodar por la ventanilla hasta desaparecer en el borde…
        Suenan las pisadas de los animales que te trasladan hacia cierto lugar que desconoces aun. Y se detiene… si, se ha detenido del mismo modo que lo hizo ante ti. ¿Debes bajar? Creo que si, porque la puerta acaba de abrirse sola hasta atrás y te dejó ver el bosque  que se presenta ante ti, es oscuro. Y ahora ya no llueve pero ha bajado una especie de niebla que toca los troncos de los húmedos árboles, eso hace parecer que respiran y sacaran desde su interior montañas de vapor que crean la neblina. Aunque es oscuro y tenebroso.
        Tienes que bajar y lo sabes , no esperarás a  que alguien te lo diga porque lo intuyes claramente. T e acercas a la puerta y bajas con la misma delicadeza con la que entraste  en el carruaje, apenas te afirmas en el suelo los caballos te abandonan  con una rapidez desconcertante. Y estás sola de nuevo en medio del sombrío y nebuloso bosque. Y tu grito??, ese  que te arrancó la garganta con un garfio de plata que se te hunde hasta el final del cuello,¿Dónde está?.
        Tus ropas dejan escurrir el agua  formando frías gotas  abajo que caen entre las hojas y tus pies. Y avanzas hasta tocar con las yemas de los dedos un árbol, con la humedad emblandecido, y respiras el olor  a moho y mojado que él expele… te acercas y lo observas como si quisieras inmiscuirte en él. Te levantas nuevamente y divisas más troncos  del interminable bosque lóbrego en el que estás  internada, y la niebla avanza sin titubeos, pasándote a llevar.
        Retornas a  caminar  con lentitud.¡¿ y tu grito?!, levantas tu vista hacia el cielo, pero no lo divisas nada, y frente a ti… a muchos  metro se halla una luz, no titila fulgurante, más bien es un desprecio de brillo. Un silbido acaba de pasar por tu oído, te inquietas de sobremanera y te das cuenta de que fue una flecha  y que ahora está clavada en un tronco. ¡¡¿pero qué?!!, otra roza tus cabellos…otra? Pasa a llevar tu pierna y la hiere… debes correr.
        Y esa aflicción te cubre con su manto  y te desgasta, esa semilla de expectación brota en ti, eres huésped de lo que no conoces.
        Entonces corres porque mil flechas te persiguen y algunas se ensartan en los árboles, corres  clavándote en los pies astillas pero no causan dolor cualquiera porque temes y el corazón sólo piensa en huir de ahí y de las imperecederas y demoníacas flechas que de ti se mofan  siguiéndote. Corres por el interminable bosque con olor a húmedo, nadie cerca hay que te auxilie.¿ y tu grito?... ¡¡allá está!! Cada vez  más cerca de tu enardecida carrera por salvarte de las veloces saetas que casi rasgan tu vestido de agua.
        Cierras los ojos corriendo mientras te impacientas e  intentas elevar  los brazos para sujetar tu grito, ese que ha dado un inaudible zumbido y se ha ido por tu ventana… llegas jadeante para aferrarte  e la lucecita vaga; la tienes entre tus brazos, pero ¿ se apaga? Si, se apaga y ves que entre tus miembros hay una gran bola de negro cristal, pero es grácil y malévola a la vez, igual que tú; delicada pero extraña. ¿Qué pasa?, la esfera comienza a elevarse y con tigo a cuestas, tal cual tú fueras nada, o algo muy leve. Te sube hasta elevarte para salir de aquel bosque. Tus piernas cuelgan, ya casi sobrepasan las copas de los árboles, pero ¡te rasgan!, cobran manos y uñas y quieren precipitarte a tierra nuevamente, te asustas, das pataletas para que te suelten pues no deseas  de ninguna manera quedarte allí. Hasta que lo consigues y ya no sufres ese deseo de aprisionarte de las desquiciadas y fantasmales ramas. Ahora te elevas hacia el cielo, no hay más que cinco estrellas allá eres liviana y hay en ti algo de relajación, aún así,  algo raro sucede  en tus adentros… de la nada comienzas a sentirte más pesada que millares de planetas. Tendrás que caer de uno u otro modo. Se desata la lluvia, se desata el implacable viento con la nueva tormenta aprontándose más temprano que tarde. Con el agua de los nubarrones ya  liberada  la superficie de la esfera se te vuelve insostenible, y como gota de lluvia, caes; caes  y caes sin encontrar suelo que te detenga, caes en la oscuridad. Se aproxima el final de esa caída ininterrumpida… y se termina, se acaba… y te encuentras con el légamo, pero ya no estás en el bosque, un fango pegajoso, inerte. Doblas tus codos para remontarte. Logras ponerte de pie en el suave lodo, más, una cosa inimaginada te mira, lo sientes , giras y lo ves, es un bulto oscuro y misterioso más allá que te observa perspicaz , aprontándose a lo que hará… se acerca… es tierno pero extraño, cual oso de felpa, te sonríe y tú le correspondes pues no ves en él mala intención. Se marcha y sientes el mal impulso de seguirlo; afanosa te haces caso y lo sigues sin saber donde va,  aunque en ese lugar reina la oscuridad  puedes distinguirlo, se esconde por allí, en unos matorrales y ríes juguetona, te acercas, acechas, o ellos te acechan a ti. Lo buscas entre las ramas de zarza, que te rasguñan las manos… y… ¡¡¡algo!!!   Sujeta tu muñeca, estrepitosamente  te echas hacia atrás trémula, parece ser una mordida implacable, piensas que quizá  molestaste al animalito, pero no. Sientes ese frío transitarte nuevamente  y el ramaje se mueve y saltan de súbito más de esos oscuros  bultos sobre ti, quieres correr y te giras resbalando por el lodo , porque te dañan , si, esos demonios anhelan sacarte los ojos de sus órbitas , están sobre ti, tiran tus cabellos  y rasgan tu ropa , mientras te precipitan desesperada e infatigable sobre el fango; algo avanzas lanzando manotazos y patadas al aire para así poder librarte de esos monstruitos infernales que toda ternura han perdido.
        Te arrastras por el fango llenándote de él, es viscoso y no puedes ponerte de pie para una nueva huida, tampoco puedes gritar, pero logras pararte  y correr frenéticamente sin rumbo  y los raros animales salen despedidos de ti, no sabes de dónde has adquirido esa rapidez pero pronto los dejas atrás.
        Coges tus faldas y las ases  a ti con temblores internos, ya no quieres estar ahí ¿y tu grito?, se ha alzado y no vas con él, ya ni siquiera lo oyes a lo lejos  en esa infinita soledad. Nuevamente los mares de lluvia se deslizan sobre ti limpiándote en algo.
        Ansías llorar pero ni  una miserable lágrima es capaz de arrancar de tus ojos. Te consuelas con la lluvia  que corre por tus mejillas produciendo una sensación parecida. Y avanzas sin rumbo.
        ¡¡¿y tu grito?!!
        Sigues caminando con la vista al frente, el agua forma ríos en tu cuerpo y cabellos… y oyes, oyes de repente cierto timbre, alguna voz lírica que se eleva más allá de ti y que a pesar del ruido de los chubascos golpeando el suelo, puedes oírla con claridad, es una voz que te provoca cierta paz, intentas buscarla, pero solo la oyes, la oyes y nada más. Tus ojos no pueden observarla todavía, no sabes de dónde proviene porque va y viene girando sobre ti con insensibilidad para mostrarse frente a frente.
        No sabes hacia dónde ir para encontrarla. Te giras sobre tu pie y de sobresalto ves allá una figura humanizada, al parecer es el origen de esa voz que una melodía familiar emite y llega a tus oídos. No sabes para  qué miras tus manos, dejas de hacerlo y vas atraída hasta ese ser  con características humanas.
        Más y más cerca vas distinguiendo algunos rasgos; tiene una capa, si, una capa, es tan larga que no le divisas los pies, elevas tus dedos  con delicadeza  y del mismo modo le tocas el hombro, entonces su voz se apaga momentáneamente y estática no hace nada. Así que apartas tu mano de la efigie y al hacerlo se gira quedando de frente a ti.
        Percibes esa sensación tormentosa de nuevo que camina y hace vibraciones en todo lo tuyo… ¿por qué?, porque eso que está frente a ti es macabro  pero te atrae.
        Y de pronto te ves en un claro, en un  claro de bosque, te das una vuelta y el miedo te corroe porque te rodean ciertas cosas que desearías no estuvieran ahí, porque son cadáveres, putrefactos e infames cadáveres que se han levantado de sus tumbas para asediarte sin compasión.
        De algunos de sus rostro brotan masas de gusanos blancos, provocando un asqueroso hedor que produce nauseas. Cierras los ojos para borrar esa visión demoníaca.
        Y  pasa, si, comienzan a acercarte a ti… trémula no sabes que hacer. Te cubres el rostro con ambas manos  y lo que tienes en frente te sostiene y te zamarrea con vehemencia e ira, abres los ojos y esa imagen eres tú, pero alicaída, con tu vista demacrada y oscura, el cuello grisáceo, los cabellos pegoteados y te grita, te grita con voz espectral sin freno alguno.
        Explota un trueno, cesa la lluvia, ahí ella te suelta pero queda frente a ti. Los otros cadáveres y calaveras solo te dejan un mínimo espacio, no puedes respirar porque le agregas tu desesperación  y te sofocas.
        A la luz de un relámpago lo que eras tú se transforma y se convierte en tu peor pasadilla… te toma la quijada con su huesuda mano asquerosa  y los demás se acercan y te amarran las manos  cual prisionera, todos se lanzan sobre ti para dejarte inmóvil y hacen que te llenes nuevamente de barro. Ya casi sin capacidad de movimiento te pones de pie.  Entre los negros nubarrones del cielo  se deja ver tímidamente la luna y algunas estrellas. Te toman los brazos y no puedes gritar pues te cubrieron la boca con un sucio trapo. Te levantan y llevan quién sabe dónde y porqué, pero lo hacen sin prisa, lento y doloroso. Con escalofríos sientes eso dedos de muertos que te trasladan ahora.
        Llegan por fin a destino, aunque no conoces cuál será… ahí frente a ti, un mausoleo, el cielo ya limpio  de nubes pero infinitamente profundo y obscuro. Dos filas de cirios   marcan la entrada al sepulcro; estas el tanto de que te obligarán a entrar. Efectivamente, así es, te empujan hacia la puerta con violencia, uno de los seres que nadie jamás vio procede a abrir. Una  larga escalinata se interpone en tu camino, una escalinata de piedra, que conduce al subterráneo y lúgubre lugar que guarda en su interior las osamentas   de muchos personajes que la vida perdieron ya.
        Empiezan a guiarte escalinatas abajo, tu caminar se ve tenuemente iluminado por la luz de algunas velas sujetas a las paredes. Vas dejando atrás más y más peldaños y se va presentando ante tus ojos una mesa, una simple elevación de piedra pero con exactas terminaciones, se encuentra al centro de muchos féretros que la rodean, y de los cuales algunos dejan ver restos de huesos a punto de hacerse polvo.
        Te fuerzan a sentarte en el mesón, uno de ellos se te acerca y corta la amarra  de tu boca con un sable, con gran presición  no te hiere, tus retinas  se ven impresionadas y notas que ya no puedes vivir semejantes impresiones.
        Se acerca otro que lleva consigo un platillo, con un contenido cremoso y opaco, una dos dedos en esa pasta para luego llevarlos a tus ojos y maquillarte los parpados de aquel color. Un silencio luctuoso rodea la situación  que vives, tan solo logras oír el flamear del fuego en los velones cercanos.
        Ya finalizada  la faena el espectro te abandona, desde arriba cae sobre ti un atuendo, recuerdas tu pijama, el que ahora se te halla ceñido y húmedo, ves lo que cayó  y es un vestido, un vestido oscuro como todo lo que has vivido. Muy suntuoso  aquel  vestido, y te obligan a ponértelo, a usarlo y obedeces.
        Ya el vestido es parte de ti, y te toman, la mesa de piedra se abre y de su centro aparece lo que jamás ahora, en estos momentos quisiste ver ahí, frente a tus ojos ennegrecidos y quietos puedes observar esa caja, el cajón que contiene almohadones blancos  en su interior; el cajón en que habitan los muertos, ¡¡ pero tú no estás muerta!! , ¡¡no!!.. Te miras, y el cajón coincide con tu estatura. Y otra vez esa sensación rara te recorre y te supera, te absorbe y desespera, aumenta, acrecienta ya tus leves latidos infames.
        Toman tu cintura con la misma violencia de antes y buscan introducirte en el cajón. Convulsa intentas por todos los medios desasirte de esas aprisionantes y fuertes manos  que más bien parecen garras y que te sostienes y maltratan, solo quieres irte, volver y nada más, sólo eso pides: no puedes gritar, tus voz es ahogada y necia, no lo puedes superar pues logran fácilmente encerrarte en aquél féretro, que desde tu posición te parece aún más horrible, únicamente está abierta la ventanilla por donde puedes observar.
        Ni siquiera puedes dar golpes, por el reducido espacio al que te ves sujeta, el vapor de tus espiraciones  empañan el estrecho trozo de vidrio.
        Han tomado el ataúd y te conducen fuera del mausoleo, puesto que puedes reconocer las paredes del piedra y el subir de la escalinata. Abren la puerta y ya están fuera, puedes divisar la luna, la fría y brillante luna que pereciera mecerse a lo lejos, tan lejos que no puede ayudarte, algo húmedo sale de tus ojos y contornea tu sien…¡¡por fin!! Por fin una lagrima salada ha salido de tus ojos y logra deslizarse sin problema aparente ¡¡¿¿por qué no antes??!!, ya no importa.
        La luna comienza a perderse entra las copas de los árboles  que ahora logras ver.
        Se han detenido y ponen el ataúd en el suelo cubierto de hojas acuosas  y blandas, con un desconocido elemente hacen un orificio en el cristal, el cadáver principal introduce su mano  y se dirige a ¡¡tu pecho!!... esa asquerosa mano cadavérica  lo recorre en busca de algo y no puedes hacer nada por detenerlo en ese cajón que te aprisiona. Entonces  se detiene, se detiene y palpa para cerciorarse, por unos segundos  se queda petrificado, pero luego continúa en una inquietante escena. Presiona sus dedos sobre tu carne y crea en ella hendiduras, continúa destrozándola, haciendo brotar sangre, pavoroso líquido rojo sale del daño que ha hecho. Un ardor repulsivo nace desde tus abiertas carnes; ya descubriste lo que busca, ya sabes a lo que se acerca sin esperar nada; sigue abriendo caminos por entre tus células; corrompe tus entrañas  y el padecimiento que se extiende por todo tu ser no se puede sosegar, exacerbadamente quisieras despojarte de esa apertura que te deja sin aliento, sudas frío y te vas yendo, te vas yendo porque ya lo han tocado, están a punto de arrancarlo y aún late, sientes la helada mano que lo sostiene y ya casi lo arrebata de ti, tan solo un movimiento bastará para dejarte sin alma.
        Y cuando lo jala!!…  te sientas y gritas tan inarticuladamente como jamás lo hiciste!!!, escuchas rodar por el suelo la vasija con agua que habías puesto  sobre el velador, casi rompes los cristales con tu alarido. “¡despertó!” , te dice una voz llorosa entrando por la puerta y enciendan la vela, es Anne , tu ama de llaves y tu criada que acudió a verte al escuchar tu pavoroso y ruidoso despertar. Respiras agitadamente sobre la cama con una mano e tu pecho, miras algunos doblez del cubrecama. “Ya ha pasado la fiebre”, se acerca Anne tocándote la frente, luego recoge la vasija y toma unos paños húmedos que quedaron esparcidos  sobre la cama con la estrepitosa  huida de tu infernal sueño. Oyes allá afuera los ladridos de unos perros, permaneces en silencio tratando de serenar tu exaltación. “Tranquila, beba esto”, te ofrece un tazón de hierbas, lo observas y lo recibes con lentitud, “descanse, será mejor que la deje sola, debe dormir bien, estuvo ardiendo durante horas, pensé que no despertaría jamás y me culparían de su muerte. Me retiro ya, señorita” te dijo secándose las manos en el percal que usaba como delantal, “¡no!, espera, Anne!!”, le sujetas la muñeca, casi dejas caer el tazón de hierbas con este movimiento pero lo retienes con agilidad; ella te mira interrogante, “dime”-mirándola a los ojos y con sinceridad le hablas-“dime, ¿qué pasaría si los sueños se hicieran realidad?......

Miedo(del otro blog II


MARTES, 5 DE OCTUBRE DE 2010

Mi creacion megainspirada :D

        Miedo, esa sensación rarifica que recorre tu cuerpo en ciertas situaciones .Miedo; escalofrío que va desde la nuca hasta la sien  y que no comprendo.
        Visiones nocturnas tan macabras se recrean en tus sueños cuando tienes esas turbadoras pesadillas; un temor que infunden ciertos seres y efigies  que tu inconciencia crea, y los hace ver tan reales , y que hacen fluir tu sangre a mil por hora por entre tus entrañas , y te despiertas de sobresalto ante ese espectro que se acerca a tu mirada  y casi te toca, pero estaba a punto de Hacerlo cuando de tu garganta vuela un gutural grito lejos de ti , y se te escapa la voz, se te escapa por las rendijas de la ventana, porque duermes cerca de ella , y en los borrascosos y estruendosos inviernos en el que el viento sopla implacable puedes oír ese silbido que no te permite dormir , te cubres los oídos con la almohada, pero pareciera que el sonido rebotara en tu mente y no sabes  por donde entra . y los goterones de la tormenta comienzan leves a golpear el techo, sin embargo cada vez van aumentando su intensidad hasta casi hacerlo caer sobre ti y matarte aplastada.
        Y ese pensamiento te invade una y mil veces  .Miras a la ventana entre goteo y gorgojeo de las aguas celestes, la observas por algunos instantes  y a cada trueno se revelan las sombras del árbol en que solías subirte  con cada juego infantil; pero en esos momentos más parece otra cosa , algo lúgubre , te imaginas una y otra vez  garras , manos o caras que en verdad no están , pero así y todo no te permiten conciliar tu sueño nuevamente , y ves las sombras mecerse con el viento  creando imágenes tan tétricas como tu anterior pesadilla.
        ¿y tu grito?... ese que arrancó tu voz , lo recuerdas, sabes que salió por la ventana, sin embargo no te atreves , no te atreves a ponerte en pie y despegar tu cuerpo de entre las sábanas ; con el susto has comenzado a sudar frío , te ahogas bajo el abrigo , no puedes ya respirar porque la expiración se te devuelve y oprime tu cuello; pero no olvidas aún tu grito ; retumba en tu frente y hace remolinos en cada rincón de tu mente y se disuelve dejando tan solo tu grito. Decides por fin asomar tu cabeza por entre las pesadas frazadas para respirar.
        Pero llueve, y no se detiene, eso quiere decir que tu habitación, el aire de tu cuarto no es liviano, al contrario, es espeso y tibio…  lo razonas unos minutos, ¿abres o no la ventana?, es una decisión  compleja en aquellos momentos, pero si no lo haces no entrará suficiente aire fresco a tus pulmones , tu pecho no se inflará, tus ojos se saldrán de sus órbitas  y a tu lengua le conocerás su verdadera extensión , la piel de tu rostro será de color morado .Esas manos tuyas sudan , te volteas y te encuentras con la pared , tal vez tras ellas vaga tu grito , vuelves a acordarte de él , te das la media vuelta y lo resuelves ; será mejor levantarse , quizá si descorres un poco la cortina y destrabas el pestillo para que se cuele algo de aire no pasará nada .
        Te descubres, solo tus pies y algo del torso se encuentran ahí, a la espera de que bajes de la cama  y te atrevas por fin. Así que los escuchas y te sientas en el lecho, haces negaciones con la cabeza.
        Pasas la mano por tu cráneo intentando calmarte, luego llevas ambas a tu cuello y sientes los latidos, están más acelerados que lo normal. Mueves tu cabeza hacia un lado y ves la ventana. La maldita ventana que deja ver las intranquilas sombras. No sabes porqué, podrías llamar a alguien pero….¿ de verás hay alguien en casa? … no lo sabes.
        Al fin te pones de pie, cuando el pedregoso sonido de un trueno te hace caer de rodillas al suelo, tus ojos se despliegan grandemente, miras las tablas del piso can cada luz de los relámpagos, aunque no sabes nada.
        Te pones en pie con cierto grado de dificultad, apoyándote  para lograrlo, en tu cama. Ya estás a unos cuantos metros de la inamovible ventana.
        Sientes la leve tela de tu pijama rozar tus rodillas maltratadas por el reciente golpe, tu pijama, que bien semeja un liviano vestido, no se inmuta. Das  un paso , pero te fijas muy bien antes de hacerlo , podría ser en falso, pero no lo fue. Un suave alivio te recorre, aunque no es completo.
        Avanzas unos pasos más, tus dedos casi tocan la larga cortina que te aparta del cristal de la ventana.
        Alzas con lentitud tus blancas manos y la descorres unos centímetros… tocas el frío marco de esa ventana, que ahora te parece rara; llegas hasta el pestillo, lo apretas… pero dudas por unos momentos ¿conoces lo que habrá luego de abrirla? ¡¡¿¿ y tu grito??!!.
        Lo afrontas y abres, empujas levemente la ventana y las bisagras hacen su parte para acrecentar tu miedo. Das un respingo que te hace moverte hacia un lado.
        El aire, esta vez helado entra en tu cuarto y te envuelve, alza tus largos cabellos oscuros y lo hacen revolotear y bajar, esto hace que un espectacular escalofrío te recorra hasta la planta de los mismos pies.
        Abres más la ventana y te apoyas en el marco, ves la calle vacía…pero no hay casas. Recuérdalo, no tienes vecinos.
        El agua fría de la lluvia golpea tu rostro con inclemencia , pero no le das importancia , sacas las manos que te ardían y te refresca.. Sacas tu lengua y tragas algunas gotas con un enrarecido sabor a nada, sonríes sin saber porqué.
        Al parecer tu miedo era absurdo, de modo que decides volver a tu cama pues ya viste  que el árbol seguía tal cual, como siempre y tú fuiste quien se imaginó esas aberraciones. Crees no sentir más miedo   y te encaminas hacia  tu aposento dejando la ventana abierta, pero antes de que siquiera pongas una rodilla en tu cama recuerdas tu grito… ¡¡¡tu grito!!! , Y unas risillas fuera, ¡¿pero cómo?! , tú no tienes vecinos!!.
        Corres a la ventana, te apoyas  sacando medio cuerpo, lo que hace ceñirte también medio pijama al cuerpo.
        Intentas coger algo con tus manos  pero no hay nada, quizá será tu grito el que quieres coger??
        Algo raro te llama, una fuerza descomunal te impulsa a salir de tu oscuro cuarto, vas a la puerta, pero,¿qué pasa?, no se abre, forcejeas pero es en vano. No te impacientas; sacas con rabia las sábanas de tu cama y construyes nudos. A cada uno de ellos recuerdas personas y momentos. Buscas algo en que sujetar la nueva cuerda … miras a todos lados  de tu dormitorio como una demente hasta que te encuentras con los pies de tu cama, esbozas una sonrisa , entre maliciosa  y bondadosa,  das una vuelta  a tu artesanal cuerda  y la atas a esos pies de madera  en los que duermes y sueñas hace tantos años.
        Llegas a la ventana con la sábana anudada en una mano , te sientas ahora en el marco de la ventana , tus pies desnudos se impregnan con la  lluvia de la intemperie, al igual que tus piernas.. Esas que causando estragos todos en el pueblo comentan.
        Lo tienes claro; debes bajar cuanto antes pero no sabes la razón. Tal vez es por tu grito, la búsqueda incesante de esa sin igual vociferación.
        Se arremolina el viento en algunos árboles lejano, y escuchas el eco del mismo viento mezclado con la lluvia que canta entre ellos. Miras el cielo pero no distingues nada.
        Ya está todo listo para que te deslices desde ese, tu cuarto, que corresponde al segundo piso de esa casona, y a punto de llegar al suelo… te afrontas y aferras con fuerza  a la ya mojada cuerda de sábanas.
        Ahora te encuentras bajando por la pared de la casa, aunque es un poco difícil lo logras poniendo los frágiles dedos  de tus pies en el barroso suelo, tambaleas, pero por fin bajas, sueltas las embozos  y estás tan empapada  como nunca antes. El agua y tus cabellos aplastados te escurren sobre los hombros,, también por tus mejillas y tus labios rojos .
        Te cuesta abrir los ojos por el roce de la lluvia…¡¡¿¿ y tu grito??!!, lo buscas con la vista impaciente por entre algunas plantas…
        Otro trueno se deja caer sobre ti con su posterior relámpago, y oyes un… ¡quiebre! , si!! . Caen trozos de cristales encima de  tu cabeza, pero con tu rápida reacción puedes cubrirte con los brazos, aunque los han rasgado en ciertas partes. Miras hacia arriba … y , si, era el cristal de tu ventana!!, no entiendes ; caminas hacia atrás  y escuchas otro quiebre! ,  ¡y otro! …más cristales rotos, una a una las ventanas de tu casa se quiebran sin razón aparente frente a tus ojos de marcadas pestañas, y te apartas, con agilidad de frente a tu casa, y dando la espalda a lo que se te presente al avanzar.
        El miedo vuelve a invadirte, esa sensación extraña  que nadie conoce o puede explicar con certeza.
        Como no veías lo que se te ponía en el camino, caes, a causa de un tronco mal ubicado en ese lugar;  y lo haces al mismo momento en que se deshace en mil pedazos el último y más grande ventanal que quedaba. Y no sabes porqué, y la lluvia prosigue empapándote sin freno, tus manos enlodadas, ¡¿y tu grito?!
         Vuelves a buscar cansada y temerosa a la vez, pero aún en el suelo, pasas las manos por tu cara prolija… pero la ensucias  con fango… no es importante  puesto que el agua incesante se encarga de limpiar tu semblante de inmediato, ni siquiera puedes respirar  profundamente porque ni pizca de alivio tienes.
        ¡Ya basta!, te dices y luego te levantas del suelo. Tus brazos cuelgan desde tus hombros. Cómo transcurre…..
        Ves las plantas  y sus hojas que ya no pueden soportar más agua sobre ellas. Sin pensarlo avanzas hasta ellas y las sacudes, pero es estúpido pues vuelven a recibir la lluvia.
        Oyes tu grito… efectivamente. Tu grito. Y las cortinas de tu casa se azotan con el viento y se mojan. El sonido ya no está tan cerca, debes salir del sitio para hallarlo, vas a la verja de hierro y mucho más alta que tú, ahora bien, hay un problema; no tienes la llave del candado que la mantiene cerrada  y te ata a permanecer allí, miras a un lado. Alzas tu mano izquierda y con una fuerza sin razón ni explicación  golpeas el candado  y lo rompes… lo rompes en tres tozos que caen lentamente en el barro, pausado y no sabes porqué, deslizas tu mano hacia los fierros mojados y tiras el pesado portón que rechina como si hace años que no lo abriesen. ¿No olvidas algo?, te lo recordaré: tus brazos ensangrentados por el vidrio, pero calma… no te preocupes, se ha limpiado con el aguacero.
        Así que sales y pasas entre el umbral del portón, pisando la calle con tus pies descalzos, solamente cubiertos de oscuro lodo hasta el tobillo,  a pesar de ello de vez en vez desaparece con el efecto del agua. Mueves tu cabeza hacia ambos lados del camino, el corazón se te consume por el hecho de que no entiendes mucho.
        Percibes a lo lejos el sendero de árboles y te diriges a él lento, con el ritmo de la lluvia, cada paso marca algo en tu interior; una puntada, o una nota desconocida, un latido.
        Enseguida llegas a la entrada del sendero, sientes pisadas y relinchares, girar de ruedas y el compás de una carreta se oye también a lo lejos. El  galopar se acerca a ti de a poco hasta aparcarse frente a donde te encuentras, y lo vigilas y analizas minuciosamente durante largos minutos sin un atisbo de confianza en tus pupilas.
        Los caballos azabaches esperan por ti, el carruaje viene sin conductor alguno, sin embargo te espera. ¡¿ y tu grito?!. La lluvia cede poco a poco.
        Tal vez ese carruaje, esa oscura carreta te lleve hacia él……  o tal vez no, y te pierda en un abismo sin regreso. S e abre la puerta y dentro divisas los confortables asientos  de un color escarlata  aterciopelado, como raso. Tus ropajes pegados a tu piel  te hacen ver de una figura más alargada .Uno de los rocinantes alza sus extremidades delanteras  y se vuelve para mirarte fijamente con sus redondos y oscuros  ojos muy penetrantes y te perturban. Nuevamente el miedo hace vibrar tu humanidad por completo, envolviéndote hasta el centro de tus cabellos. A pesar de todo pones un pie sobre la escalilla de subida, dudando un segundo si subirte o no… pero esos asientos se ven tan confortables  y dan un aire  de protección y calidez… además dentro hay una lámpara y lo necesitas, tus pupilas han absorbido solamente oscuridad, ni un minúsculo tanto de claridad y lo deseas con desesperación. Eso te impulsa a subir, te sientas  y lo percibes todo muy bien, muy cómodo. La puerta se cierra como por una orden del más allá y los caballos continúan su marcha por el oscuro sendero de árboles.
        Las últimas gotas de la reciente tormenta  se dejan caer tímidamente y las miras rodar por la ventanilla hasta desaparecer en el borde…
        Suenan las pisadas de los animales que te trasladan hacia cierto lugar que desconoces aun. Y se detiene… si, se ha detenido del mismo modo que lo hizo ante ti. ¿Debes bajar? Creo que si, porque la puerta acaba de abrirse sola hasta atrás y te dejó ver el bosque  que se presenta ante ti, es oscuro. Y ahora ya no llueve pero ha bajado una especie de niebla que toca los troncos de los húmedos árboles, eso hace parecer que respiran y sacaran desde su interior montañas de vapor que crean la neblina. Aunque es oscuro y tenebroso.
        Tienes que bajar y lo sabes , no esperarás a  que alguien te lo diga porque lo intuyes claramente. T e acercas a la puerta y bajas con la misma delicadeza con la que entraste  en el carruaje, apenas te afirmas en el suelo los caballos te abandonan  con una rapidez desconcertante. Y estás sola de nuevo en medio del sombrío y nebuloso bosque. Y tu grito??, ese  que te arrancó la garganta con un garfio de plata que se te hunde hasta el final del cuello,¿Dónde está?.
        Tus ropas dejan escurrir el agua  formando frías gotas  abajo que caen entre las hojas y tus pies. Y avanzas hasta tocar con las yemas de los dedos un árbol, con la humedad emblandecido, y respiras el olor  a moho y mojado que él expele… te acercas y lo observas como si quisieras inmiscuirte en él. Te levantas nuevamente y divisas más troncos  del interminable bosque lóbrego en el que estás  internada, y la niebla avanza sin titubeos, pasándote a llevar.
        Retornas a  caminar  con lentitud.¡¿ y tu grito?!, levantas tu vista hacia el cielo, pero no lo divisas nada, y frente a ti… a muchos  metro se halla una luz, no titila fulgurante, más bien es un desprecio de brillo. Un silbido acaba de pasar por tu oído, te inquietas de sobremanera y te das cuenta de que fue una flecha  y que ahora está clavada en un tronco. ¡¡¿pero qué?!!, otra roza tus cabellos…otra? Pasa a llevar tu pierna y la hiere… debes correr.
        Y esa aflicción te cubre con su manto  y te desgasta, esa semilla de expectación brota en ti, eres huésped de lo que no conoces.
        Entonces corres porque mil flechas te persiguen y algunas se ensartan en los árboles, corres  clavándote en los pies astillas pero no causan dolor cualquiera porque temes y el corazón sólo piensa en huir de ahí y de las imperecederas y demoníacas flechas que de ti se mofan  siguiéndote. Corres por el interminable bosque con olor a húmedo, nadie cerca hay que te auxilie.¿ y tu grito?... ¡¡allá está!! Cada vez  más cerca de tu enardecida carrera por salvarte de las veloces saetas que casi rasgan tu vestido de agua.
        Cierras los ojos corriendo mientras te impacientas e  intentas elevar  los brazos para sujetar tu grito, ese que ha dado un inaudible zumbido y se ha ido por tu ventana… llegas jadeante para aferrarte  e la lucecita vaga; la tienes entre tus brazos, pero ¿ se apaga? Si, se apaga y ves que entre tus miembros hay una gran bola de negro cristal, pero es grácil y malévola a la vez, igual que tú; delicada pero extraña. ¿Qué pasa?, la esfera comienza a elevarse y con tigo a cuestas, tal cual tú fueras nada, o algo muy leve. Te sube hasta elevarte para salir de aquel bosque. Tus piernas cuelgan, ya casi sobrepasan las copas de los árboles, pero ¡te rasgan!, cobran manos y uñas y quieren precipitarte a tierra nuevamente, te asustas, das pataletas para que te suelten pues no deseas  de ninguna manera quedarte allí. Hasta que lo consigues y ya no sufres ese deseo de aprisionarte de las desquiciadas y fantasmales ramas. Ahora te elevas hacia el cielo, no hay más que cinco estrellas allá eres liviana y hay en ti algo de relajación, aún así,  algo raro sucede  en tus adentros… de la nada comienzas a sentirte más pesada que millares de planetas. Tendrás que caer de uno u otro modo. Se desata la lluvia, se desata el implacable viento con la nueva tormenta aprontándose más temprano que tarde. Con el agua de los nubarrones ya  liberada  la superficie de la esfera se te vuelve insostenible, y como gota de lluvia, caes; caes  y caes sin encontrar suelo que te detenga, caes en la oscuridad. Se aproxima el final de esa caída ininterrumpida… y se termina, se acaba… y te encuentras con el légamo, pero ya no estás en el bosque, un fango pegajoso, inerte. Doblas tus codos para remontarte. Logras ponerte de pie en el suave lodo, más, una cosa inimaginada te mira, lo sientes , giras y lo ves, es un bulto oscuro y misterioso más allá que te observa perspicaz , aprontándose a lo que hará… se acerca… es tierno pero extraño, cual oso de felpa, te sonríe y tú le correspondes pues no ves en él mala intención. Se marcha y sientes el mal impulso de seguirlo; afanosa te haces caso y lo sigues sin saber donde va,  aunque en ese lugar reina la oscuridad  puedes distinguirlo, se esconde por allí, en unos matorrales y ríes juguetona, te acercas, acechas, o ellos te acechan a ti. Lo buscas entre las ramas de zarza, que te rasguñan las manos… y… ¡¡¡algo!!!   Sujeta tu muñeca, estrepitosamente  te echas hacia atrás trémula, parece ser una mordida implacable, piensas que quizá  molestaste al animalito, pero no. Sientes ese frío transitarte nuevamente  y el ramaje se mueve y saltan de súbito más de esos oscuros  bultos sobre ti, quieres correr y te giras resbalando por el lodo , porque te dañan , si, esos demonios anhelan sacarte los ojos de sus órbitas , están sobre ti, tiran tus cabellos  y rasgan tu ropa , mientras te precipitan desesperada e infatigable sobre el fango; algo avanzas lanzando manotazos y patadas al aire para así poder librarte de esos monstruitos infernales que toda ternura han perdido.
        Te arrastras por el fango llenándote de él, es viscoso y no puedes ponerte de pie para una nueva huida, tampoco puedes gritar, pero logras pararte  y correr frenéticamente sin rumbo  y los raros animales salen despedidos de ti, no sabes de dónde has adquirido esa rapidez pero pronto los dejas atrás.
        Coges tus faldas y las ases  a ti con temblores internos, ya no quieres estar ahí ¿y tu grito?, se ha alzado y no vas con él, ya ni siquiera lo oyes a lo lejos  en esa infinita soledad. Nuevamente los mares de lluvia se deslizan sobre ti limpiándote en algo.
        Ansías llorar pero ni  una miserable lágrima es capaz de arrancar de tus ojos. Te consuelas con la lluvia  que corre por tus mejillas produciendo una sensación parecida. Y avanzas sin rumbo.
        ¡¡¿y tu grito?!!
        Sigues caminando con la vista al frente, el agua forma ríos en tu cuerpo y cabellos… y oyes, oyes de repente cierto timbre, alguna voz lírica que se eleva más allá de ti y que a pesar del ruido de los chubascos golpeando el suelo, puedes oírla con claridad, es una voz que te provoca cierta paz, intentas buscarla, pero solo la oyes, la oyes y nada más. Tus ojos no pueden observarla todavía, no sabes de dónde proviene porque va y viene girando sobre ti con insensibilidad para mostrarse frente a frente.
        No sabes hacia dónde ir para encontrarla. Te giras sobre tu pie y de sobresalto ves allá una figura humanizada, al parecer es el origen de esa voz que una melodía familiar emite y llega a tus oídos. No sabes para  qué miras tus manos, dejas de hacerlo y vas atraída hasta ese ser  con características humanas.
        Más y más cerca vas distinguiendo algunos rasgos; tiene una capa, si, una capa, es tan larga que no le divisas los pies, elevas tus dedos  con delicadeza  y del mismo modo le tocas el hombro, entonces su voz se apaga momentáneamente y estática no hace nada. Así que apartas tu mano de la efigie y al hacerlo se gira quedando de frente a ti.
        Percibes esa sensación tormentosa de nuevo que camina y hace vibraciones en todo lo tuyo… ¿por qué?, porque eso que está frente a ti es macabro  pero te atrae.
        Y de pronto te ves en un claro, en un  claro de bosque, te das una vuelta y el miedo te corroe porque te rodean ciertas cosas que desearías no estuvieran ahí, porque son cadáveres, putrefactos e infames cadáveres que se han levantado de sus tumbas para asediarte sin compasión.
        De algunos de sus rostro brotan masas de gusanos blancos, provocando un asqueroso hedor que produce nauseas. Cierras los ojos para borrar esa visión demoníaca.
        Y  pasa, si, comienzan a acercarte a ti… trémula no sabes que hacer. Te cubres el rostro con ambas manos  y lo que tienes en frente te sostiene y te zamarrea con vehemencia e ira, abres los ojos y esa imagen eres tú, pero alicaída, con tu vista demacrada y oscura, el cuello grisáceo, los cabellos pegoteados y te grita, te grita con voz espectral sin freno alguno.
        Explota un trueno, cesa la lluvia, ahí ella te suelta pero queda frente a ti. Los otros cadáveres y calaveras solo te dejan un mínimo espacio, no puedes respirar porque le agregas tu desesperación  y te sofocas.
        A la luz de un relámpago lo que eras tú se transforma y se convierte en tu peor pasadilla… te toma la quijada con su huesuda mano asquerosa  y los demás se acercan y te amarran las manos  cual prisionera, todos se lanzan sobre ti para dejarte inmóvil y hacen que te llenes nuevamente de barro. Ya casi sin capacidad de movimiento te pones de pie.  Entre los negros nubarrones del cielo  se deja ver tímidamente la luna y algunas estrellas. Te toman los brazos y no puedes gritar pues te cubrieron la boca con un sucio trapo. Te levantan y llevan quién sabe dónde y porqué, pero lo hacen sin prisa, lento y doloroso. Con escalofríos sientes eso dedos de muertos que te trasladan ahora.
        Llegan por fin a destino, aunque no conoces cuál será… ahí frente a ti, un mausoleo, el cielo ya limpio  de nubes pero infinitamente profundo y obscuro. Dos filas de cirios   marcan la entrada al sepulcro; estas el tanto de que te obligarán a entrar. Efectivamente, así es, te empujan hacia la puerta con violencia, uno de los seres que nadie jamás vio procede a abrir. Una  larga escalinata se interpone en tu camino, una escalinata de piedra, que conduce al subterráneo y lúgubre lugar que guarda en su interior las osamentas   de muchos personajes que la vida perdieron ya.
        Empiezan a guiarte escalinatas abajo, tu caminar se ve tenuemente iluminado por la luz de algunas velas sujetas a las paredes. Vas dejando atrás más y más peldaños y se va presentando ante tus ojos una mesa, una simple elevación de piedra pero con exactas terminaciones, se encuentra al centro de muchos féretros que la rodean, y de los cuales algunos dejan ver restos de huesos a punto de hacerse polvo.
        Te fuerzan a sentarte en el mesón, uno de ellos se te acerca y corta la amarra  de tu boca con un sable, con gran presición  no te hiere, tus retinas  se ven impresionadas y notas que ya no puedes vivir semejantes impresiones.
        Se acerca otro que lleva consigo un platillo, con un contenido cremoso y opaco, una dos dedos en esa pasta para luego llevarlos a tus ojos y maquillarte los parpados de aquel color. Un silencio luctuoso rodea la situación  que vives, tan solo logras oír el flamear del fuego en los velones cercanos.
        Ya finalizada  la faena el espectro te abandona, desde arriba cae sobre ti un atuendo, recuerdas tu pijama, el que ahora se te halla ceñido y húmedo, ves lo que cayó  y es un vestido, un vestido oscuro como todo lo que has vivido. Muy suntuoso  aquel  vestido, y te obligan a ponértelo, a usarlo y obedeces.
        Ya el vestido es parte de ti, y te toman, la mesa de piedra se abre y de su centro aparece lo que jamás ahora, en estos momentos quisiste ver ahí, frente a tus ojos ennegrecidos y quietos puedes observar esa caja, el cajón que contiene almohadones blancos  en su interior; el cajón en que habitan los muertos, ¡¡ pero tú no estás muerta!! , ¡¡no!!.. Te miras, y el cajón coincide con tu estatura. Y otra vez esa sensación rara te recorre y te supera, te absorbe y desespera, aumenta, acrecienta ya tus leves latidos infames.
        Toman tu cintura con la misma violencia de antes y buscan introducirte en el cajón. Convulsa intentas por todos los medios desasirte de esas aprisionantes y fuertes manos  que más bien parecen garras y que te sostienes y maltratan, solo quieres irte, volver y nada más, sólo eso pides: no puedes gritar, tus voz es ahogada y necia, no lo puedes superar pues logran fácilmente encerrarte en aquél féretro, que desde tu posición te parece aún más horrible, únicamente está abierta la ventanilla por donde puedes observar.
        Ni siquiera puedes dar golpes, por el reducido espacio al que te ves sujeta, el vapor de tus espiraciones  empañan el estrecho trozo de vidrio.
        Han tomado el ataúd y te conducen fuera del mausoleo, puesto que puedes reconocer las paredes del piedra y el subir de la escalinata. Abren la puerta y ya están fuera, puedes divisar la luna, la fría y brillante luna que pereciera mecerse a lo lejos, tan lejos que no puede ayudarte, algo húmedo sale de tus ojos y contornea tu sien…¡¡por fin!! Por fin una lagrima salada ha salido de tus ojos y logra deslizarse sin problema aparente ¡¡¿¿por qué no antes??!!, ya no importa.
        La luna comienza a perderse entra las copas de los árboles  que ahora logras ver.
        Se han detenido y ponen el ataúd en el suelo cubierto de hojas acuosas  y blandas, con un desconocido elemente hacen un orificio en el cristal, el cadáver principal introduce su mano  y se dirige a ¡¡tu pecho!!... esa asquerosa mano cadavérica  lo recorre en busca de algo y no puedes hacer nada por detenerlo en ese cajón que te aprisiona. Entonces  se detiene, se detiene y palpa para cerciorarse, por unos segundos  se queda petrificado, pero luego continúa en una inquietante escena. Presiona sus dedos sobre tu carne y crea en ella hendiduras, continúa destrozándola, haciendo brotar sangre, pavoroso líquido rojo sale del daño que ha hecho. Un ardor repulsivo nace desde tus abiertas carnes; ya descubriste lo que busca, ya sabes a lo que se acerca sin esperar nada; sigue abriendo caminos por entre tus células; corrompe tus entrañas  y el padecimiento que se extiende por todo tu ser no se puede sosegar, exacerbadamente quisieras despojarte de esa apertura que te deja sin aliento, sudas frío y te vas yendo, te vas yendo porque ya lo han tocado, están a punto de arrancarlo y aún late, sientes la helada mano que lo sostiene y ya casi lo arrebata de ti, tan solo un movimiento bastará para dejarte sin alma.
        Y cuando lo jala!!…  te sientas y gritas tan inarticuladamente como jamás lo hiciste!!!, escuchas rodar por el suelo la vasija con agua que habías puesto  sobre el velador, casi rompes los cristales con tu alarido. “¡despertó!” , te dice una voz llorosa entrando por la puerta y enciendan la vela, es Anne , tu ama de llaves y tu criada que acudió a verte al escuchar tu pavoroso y ruidoso despertar. Respiras agitadamente sobre la cama con una mano e tu pecho, miras algunos doblez del cubrecama. “Ya ha pasado la fiebre”, se acerca Anne tocándote la frente, luego recoge la vasija y toma unos paños húmedos que quedaron esparcidos  sobre la cama con la estrepitosa  huida de tu infernal sueño. Oyes allá afuera los ladridos de unos perros, permaneces en silencio tratando de serenar tu exaltación. “Tranquila, beba esto”, te ofrece un tazón de hierbas, lo observas y lo recibes con lentitud, “descanse, será mejor que la deje sola, debe dormir bien, estuvo ardiendo durante horas, pensé que no despertaría jamás y me culparían de su muerte. Me retiro ya, señorita” te dijo secándose las manos en el percal que usaba como delantal, “¡no!, espera, Anne!!”, le sujetas la muñeca, casi dejas caer el tazón de hierbas con este movimiento pero lo retienes con agilidad; ella te mira interrogante, “dime”-mirándola a los ojos y con sinceridad le hablas-“dime, ¿qué pasaría si los sueños se hicieran realidad?......